La carrera por Cuernavaca ya comenzó. Y aunque todavía faltan meses para que Morena defina candidaturas, los aspirantes empiezan a salir del clóset político uno tras otro. El más reciente en levantar la mano sin rodeos es el diputado federal Agustín Alonso Gutiérrez, quien no solamente admite que quiere gobernar la capital morelense, sino que además reconoce abiertamente que también sueña con la gubernatura de Morelos. “Sí quiero ser alcalde de Cuernavaca y quiero ser gobernador del estado”, afirma sin titubeos. Y lo hace en medio de un discurso profundamente morenista, arropado por el magisterio, por el partido Nueva Alianza y por una narrativa de transformación que intenta proyectar el llamado “modelo Yautepec” hacia la capital del estado.
Agustín Alonso asegura que llegó el momento de cerrar filas en torno a la gobernadora Margarita González Saravia y respaldar también a la presidenta Claudia Sheinbaum. Según dice, Morena enfrenta no solamente a la oposición interna, sino también ataques provenientes del extranjero. “El movimiento no será derrotado en las urnas porque tiene el respaldo del pueblo humilde”, sostiene el legislador, convencido de que la llamada Cuarta Transformación sigue teniendo mayoría social porque —afirma— gobierna para los sectores históricamente olvidados.
Pero detrás del discurso ideológico aparece el político pragmático. Porque Alonso no solo habla de principios: habla de poder, estructura y resultados administrativos. Incluso se declara abiertamente en contra de eliminar la reelección consecutiva de alcaldes y legisladores. Y pone su propio ejemplo para justificarlo. Relata que durante su primer periodo como alcalde de Yautepec inició las bases de la universidad municipal impulsada por su familia, pero que necesitó un segundo mandato para concluir el proyecto. Cuenta cómo organizaban cooperaciones populares, fiestas y reuniones donde la gente aportaba ladrillos, cemento y materiales para levantar la institución educativa. Hoy presume que esa universidad atiende a cientos de jóvenes de familias humildes que encontraron una oportunidad académica sin abandonar el municipio. Y no se queda ahí.
Presume también un programa de transporte gratuito para estudiantes yautepequenses que viajan diariamente a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, a la Universidad Politécnica del Estado de Morelos y a distintos campus universitarios en Cuernavaca y Jiutepec. Dice que mientras otros municipios apenas sobreviven financieramente, Yautepec logró sostener programas sociales sin endeudarse. “Yautepec no debe ni un solo centavo a los bancos”, recalca.

Afirma que su administración dejó finanzas sanas, sin laudos millonarios, sin conflictos sindicales, sin nóminas infladas y sin deudas impagables. Y asegura que justamente ese modelo administrativo es el que pretende llevar a Cuernavaca. Más universidades. Más campos deportivos. Más empresas. Más empleo. Más orden financiero. Ese es el discurso.

Y mientras habla de política, también deja ver un perfil distinto al del político tradicional de escritorio. Cuenta que cada jueves baja de la Cámara de Diputados y se va a trabajar personalmente al balneario y restaurante familiar San Agustín, donde junto con su esposa organiza el famoso “jueves pozolero”, con música, baile y eventos que —según presume— llenan el lugar a reventar. “Trabajo porque de esto vivo también”, comenta mientras su esposa aparece brevemente durante la entrevista para saludarlo y darle un beso frente a cámaras.

Escena cuidadosamente humana. Política de proximidad. Territorio. Pueblo. Familia. Morena puro. Pero mientras Alonso suma reflectores, el escenario político en Cuernavaca se vuelve cada vez más saturado. Diputados, exalcaldes, operadores, líderes partidistas y cuadros cercanos al poder estatal también buscan la candidatura capitalina.
Todos quieren la joya electoral de Morelos. Y por eso la frase cae como anillo al dedo: Éramos muchos… y parió la abuela.

Fénix de Kronos Magazine









