Columna de Hierro
Por EUSEBIO GIMENO
Una eventual invasión de Estados Unidos a Venezuela no sería un conflicto lejano ni ajeno para México. Por el contrario, implicaría riesgos directos en lo político, económico y social.
Primero, el impacto geopolítico. México quedaría atrapado en una fuerte presión diplomática. Como socio comercial y vecino inmediato de Estados Unidos, Washington podría exigir respaldo político o logístico, chocando con la tradicional política exterior mexicana de no intervención y autodeterminación de los pueblos. Esto pondría a prueba la credibilidad internacional del país.

Segundo, el riesgo económico. Venezuela es clave en el mercado energético y una guerra dispararía los precios del petróleo. Aunque México es productor, el alza de combustibles afectaría el transporte, los alimentos y la inflación, golpeando directamente el bolsillo de los mexicanos.
Tercero, la migración regional. Un conflicto armado provocaría una nueva oleada de migrantes sudamericanos que, tarde o temprano, llegarían a México rumbo a Estados Unidos. Esto aumentaría la presión sobre servicios públicos, albergues y la ya tensa relación migratoria con Washington.

Cuarto, el riesgo de seguridad. Un conflicto prolongado podría desestabilizar a América Latina, fortalecer redes de crimen organizado, tráfico de armas y drogas, y generar un entorno regional más violento, con repercusiones indirectas en territorio mexicano.
Finalmente, el impacto político interno. México se vería obligado a fijar una postura clara, generando polarización interna y tensiones entre sectores que apoyan a Estados Unidos y quienes defienden la soberanía latinoamericana.

En resumen, una invasión a Venezuela no sería solo un problema sudamericano: sería un factor de inestabilidad para México, obligándolo a caminar con cautela entre su relación con Estados Unidos y su responsabilidad histórica con América Latina.
Fénix de Kronos Magazine
